lunes, 5 de septiembre de 2016

NAYRA

Fumando en el patio, mientras esperaban entrar al aula. Así los ví esa tarde a Ponce y a Nader. Como en cámara lenta transcurría esa escena. La hora de la siesta  siempre tiene  un aire de parsimonia. No importa el lugar. Parece que el tiempo se remansa y todo movimiento se desacelera. Todo menos los movimientos del turco Yuni, que poseía una  ligereza incorporada en todo su cuerpo.
--“Va a limpiar todo el patio en diez segundos. A lo mejor lo contrataron por eso, por la velocidad. Limpia más rápido y entonces se ahorran horas extras. Pero con tantos tics nerviosos y tantos guiños de ojos también se atrasa. Aparte es medio tartamudo. El otro día para decir que no tiren papeles al piso demoró como ochenta años. Y también  habla en lenguas. Vos lo escuchaste, Nader. Habló con vos ”
--“Habla en Turco, Ponce…O sólo saluda en turco. No creo que sepa más que eso. Los padres eran Sirios. En mi casa, mis abuelos dicen que son medio parientes de la madre de Yuni. Todos esos tics los tiene desde que quedó loco…se quiso suicidar parece. Hace años. Muchos años. Después no pudo trabajar en nada. No sé cómo habrá hecho para entrar a trabajar en la Universidad.”
 --“Y… para limpiar no hace falta ninguna genialidad. Vas, limpias ¡ Y listo! Además, cuando se empieza a acelerar te limpia el patio, las aulas y los pasillos en diez segundos. Cara de loco tiene. Hasta dientes de loco ¿Ustedes se dieron cuenta que los locos tienen los dientes distintos a las personas normales?
--“Dicen que compró una mina. En el campo. Porque vivían en el campo, cerca de un horno grande de carbón. Yendo para Santiago, eso dicen mis abuelos… Se la compró a otro turco  viudo llamado Salomón que tenía tres hijas. Creo que era paisano de Siria... Parecen que eran costumbres de turcos y le pagó cuarenta mil pesos, de esa época, hace montón de años.”
--“Yo tenía entendido que la que paga es la mina. Cuando te casás te dan la mina y además la dote ¿O no? Aclaranos estos temas, Nader.”
--“La cuestión es que Yuni la compró. Eso dicen mis abuelos. Y dicen que estuvo juntando la guita durante todo un año y se empeñó hasta los huevos. Para colmo, el turco Salomón lo cagó. Lo recagó, porque la hija era retardada y se la quería sacar de encima. Pero a Yuni no le importaba que la mina fuese imbécil. No le importó para nada a pesar de las advertencias de todos sus parientes. La mina estaba buenísima, partía la tierra. Unas tetas perfectas. Dicen que tenía la pancita toda marcada, bien musculosa. La hacían trabajar mucho en la casa y también con unas ovejas. Bañaba a las ovejas, las esquilaba, las cuidaba. Entonces la mina hacía mucho ejercicio físico con todas esas faenas y se recontra formaba. Mi abuelo dice que tenía un lomo mejor que cualquier vedete de la tele. Después empezó a  andar a caballo. Y ahí fue cuando le salió un culo mejor que el de Adriana Brodsky. El turco Yuni la compró cuando la mina tenía veintidós años. Él tenía casi cuarenta. Diferencia de edades en estado ideal, digo yo…”
--“¿Y en ese tiempo Yuni no tenía todos estos gestos y tics que tiene ahora?”
--“No, Ponce. En ese tiempo el turco era un tipo normal. Eso dicen. Yo creo que muy lúcido no debe haber sido, muy avispado digo. Al fin y al cabo se compró una mina fallada. Aunque, quizás aquella característica, digo que sea retardada,  era un valor agregado para Yuni. De no haber sido tonta, lela, retrasada mental, no le hubiese dado bola al turco. Los ojos verdes de esta mujer eran la perdición de Yuni.  Eso era, según él, lo que le agregaba valor y por lo que había pagado los cuarenta mil pesos…Y obvio también todo el lomazo. Mi abuela dice que la cara era perfecta. Cara de turca y bella, perro de esas bellezas perfectas. El pelo ondulado casi hasta la cintura. Yo me la imagino con los labios ideales para todas las perversiones”.
--“La belleza tiene una  fatalidad mayor a la muerte”. Decidí hacer un mínimo comentario.
--“Luna, Ponce… parece que de eso se trata la historia de Yuni. La belleza de esta mina terminó dejándolo loco. De todas formas, yo no logro entenderte del todo con esa afirmación de la fatalidad de la belleza”.
--“Digo, amigos, correligionarios, en medio del sopor de esta siesta; nosotros, animales urbanos, medio borrachines quizás, jóvenes curiosos, gozantes, degustadores de mujeres, es posible, que alguna vez o muchas veces nos topemos con la belleza. Quizás sea una búsqueda nuestra sin saberlo nosotros mismos. Entonces, fatalmente, vamos a encontrarnos con la belleza. Tendemos a eso. Obviamente, por su puesto, con la muerte hemos de encontrarnos todos. De eso no se salva nadie; pero podría ser que no tuviéramos consciencia de aquél último encuentro. Nos sorprende de un paro o en el sueño. O quizás estemos en estado vegetativo, que sé yo…Pero la belleza, te llega y lo notás, lo notás…Cuando te llega, lo notás.
--“Estás hecho un filósofo Luna. Aunque te hacés mucho el Borges. Desde que murió Borges, te hacés mucho el Borges. Salvando los abismos de distancia claro…El tema es que cuando el turco Yuni empezó a estar con la mina, andaba contento como chico con regalo nuevo. Salomón le había encajado la hija tonta y Yuni la disfrutaba y le daba matraca todos los días. Se deleitaba con la belleza de la mina.  Le hacía el amor de frente porque los ojos verdes y sensuales de la tonta lo perdían a Yuni. Todo había ido bien, salvo un detallecito menor. Antes de morir, la esposa de Salomón le había prometido la hija tonta a un primo, a un tal Halím, que tenía la misma  edad que la mina. En mi casa me contaron que le decían Halím, el paciente…porque esperaba y esperaba hasta que llegaba el momento justo de actuar. Este primo quedó con la vena cuando la tonta fue vendida a Yuni. Sus familiares lo habían consolado diciéndole que la mina era re imbécil. Tenía menos criterio que una oveja de esas que había cuidado. Pero este Halím cada tanto se acercaba por el rancho del turco y le dejaba algún saludito. Le rompía alguna tranquera, le mataba algún pollo. Halím siempre andaba con dos o tres laderos que lo acompañaban para todos lados…No sé, cosas del campo… y de turcos. Cuentan que una vez en un boliche perdido en medio del monte le preguntaron a Halím que opinaba de Yuni. El joven dijo que había personas en nuestras vidas que nos hacían sentir infelices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Después este Halím se hizo medio delincuentón, contabandeaba cosas  de Siria o de Paraguay. Comenzó a hacer guita. Se empezó a ocupar de esos negocios; dejó de joder un poco…Pero nunca, nunca se olvidó de la mina tonta y de Yuni.
--”Mientras tanto el turco Yuni se matracaba a la mina y era feliz”. Dijo Ponce.
--“Pero todos sabemos lo efímero  que es ese sentimiento. O sea , dicho en términos legales: la felicidad dura menos que un pedo en una mano. El turco empezó a soñar que Halím  le hablaba en sueños y lo amenazaba. Algunos hasta dicen haberlo visto a Halím apoyado en la ventana de Yuni a las tres de la mañana. A lo mejor los sueños eran reales. Una vez Yuni salió a buscar un poco de leña y cuando llegó vió a la mujer peinándose y mirándose al espejo, Los ojos de la mina estaban más bellos que nunca. El turco se puso a llorar de amor. La chica entonces le preguntó qué pasaba, por qué lloraba. Yuni le respondió que a veces se olvidaba de agradecer a Alá por los ojos de ella, que eran tan bellos y pefectos. Eso lo hacía llorar. Al día siguiente la tonta se arrancó los ojos. El turco la encontró sangrando y sin ojos. Tuvieron que llevarla al hospital. Cuando regresaron la mujer le dijo que se había sacado los ojos  para que el turco no llorara. No quería tener nada que hiciera sufrir al hombre. La tonta también se había enamorado de Yuni. El turco se enojó y empezó a enloquecerse; decía que ella se había quitado valor y repetía que se había quitado valor. Esa noche ambos se acostaron en camas separadas. En sueños, otra vez el turco oyó la voz de Halím que le decía …Así que para vos  perdió valor , pues para nosotros, le agregó valor, y mucho… Al otro día el turco despertó y la mujer estaba muerta. La habían asesinado. En la cama habían dejado cuarenta mil pesos. Ahí fue cuando Yuni quedó loco de remate. A Halím no se lo vio nunca más…


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